LA ORILLA DEL ASOMBRO Poema XXII De una isla jamás nadie se escapa, es como una mujer de la cual nunca podemos deshacernos por completo; su verde nos retiene abiertamente fuera de todo amor logra existirnos ser algo de la calle y de las gentes: se levanta contigo te sorprende frente la espejo peinas su silueta pretendes olvidarla pero escuchas en tus zapatos el eco de su huella que imperturbable a todo sobresalto te sigue, sin ayuda, adonde quiera; es parte de la cama o el armario la más antigua risa que has tenido el más nuevo dolor que a ti se acerca, mientras te roba el modo de soñarla y te busca, te mira, se te enfrenta o te reintegra en latitud de barca a un erótico impacto de mareas como única manera de encontrarla en el filo absoluto de la espera.
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