DETRÁS DE LA MIRADA MONOLOGOS FRENTE AL ESPEJO A. SEXTON. Poema III Que bien logro existir cuando en el hueco de tu cuerpo dejo caer tranquilamente el rostro, a respirar tu olor calladamente saboreando los ruidos de tu sangre que en cósmico trajín merodean los fantasmales átomos del cuarto: yo observo el abandono de tu dormir ese ir y venir de tus pulmones la gravitante entrega de tus hombros, en infantil contraste sobre el cuello, mientras tu mano reposa levemente en saturnal inmediación al seno: es allí donde toda la luz
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se hace presente donde puedo sentir que soy tu sueño donde eres casi mía como pudiese ser casi de alguien el agua o un caracol puede, al oído, regalar a una niña la marea; logro entonces rozar en labio o pensamiento ese cristal que eres, esa movible y honda superficie que en su inconciencia no adivina mi gesto ni reconoce o sabe lo singular de estarte bebiendo sorbo a sorbo, memorizando el solitario golpe de tu vida: ah, tu vida, que con su aroma me reclama lo mismo que un recuerdo.
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